Los incisivos, dos superiores y dos inferiores, son largos y afilados, y el animal los utiliza para comer y defenderse, de modo que cuando muerde puede causar heridas profundas y dolorosas. Son de color amarillento que no debe interpretarse como falta de higiene o de alguna enfermedad. Los incisivos crecen continuamente a lo largo de toda la vida del animal, y se mantienen en la medida justa gracias al desgaste. Los otros dientes son los molares, tres superiores y tres inferiores en cada lado, que por el contrario una vez han crecido ya no se alargan más.

La característica más peculiar de los hámsters es la presencia de los abazones (también llamados sacos bucales) situados en la pared interna de las mejillas que forma un saco elástico usado por el animal para llevar la comida al nido y el material para construir dicho lugar. Cuando los abazones están vacíos no se notan pero cuando están llenos sí. Una vez en el nido el hámster vaciará los sacos con ayuda de sus patas delanteras.
Vemos que los abazones están llenos de comida.
Los hámsters no tienen glándulas sudoríparas lo que quiere decir que no sudan. Por esta razón son muy sensibles a las temperaturas altas y pueden sufrir rápidamente un golpe de calor. En cambio, cuando la temperatura desciende de los 5ºC, caen en un estado de letargo del que se despiertan de vez en cuando para comer.

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